El lugar

En el límite donde la ciudad de Granada se funde con el paisaje agrícola de su Vega, se ha desarrollado un nuevo espacio público que pretende dialogar desde una perspectiva contemporánea con el territorio agrícola tradicional preservado de los desmanes urbanísticos que lo rodean. Las relaciones visuales con la Sierra, la ciudad histórica y los nuevos equipamientos culturales desarrollados en la zona modulan el nuevo paisaje.

La intervención

Este nuevo territorio se define gracias a un sistema de intervención flexible que permite conducir el movimiento de los visitantes y facilitar tanto la percepción de las nuevas cualidades del lugar, como la introducción de usos intercambiables. A cota del terreno, la obra se ha concebido como una sucesión de bandas difractadas de percepciones variadas y coherentes entre sí, a través de las cuales surge la naturaleza. El jardín se despliega en dos niveles, el primero de acceso, y el segundo a una cota inferior, protegido de la autovía mediante elevaciones de las bandas difractadas y pantallas vegetales, permite el desarrollo de eventos empresariales y sociales. Este territorio de bandas continuas y quebradas es un jardín surcado por líneas de fuerza que acompañan el paseo invitando a sentirlo. Las líneas constituyen los límites que configuran el jardín como si de un paisaje agrícola roturado se tratase. De este modo, se abrigan en él los cursos de agua que lo surcan, contienen la topografía vegetal que nos ofrece los aromas y colores de sus diferentes especies, y delimitan los diferentes materiales que acompañan nuestro camino o descanso. Se trata de un espacio de confluencia, pautado por líneas que delimitan tanto las áreas de diversas especies arbóreas y arbustivas como el susurro del agua en un estanque. Los planos de las cubiertas del edificio constituyen una propuesta experimental de jardines soñados desde los que contemplar las espectaculares vistas del paisaje granadino. En una de ellas, el visitante se encontrará flotando sobre un mar de vidrio reciclado. En la otra, paseará sobre hierba roja entre nubes, recordando a Boris Vian.

La construcción

La geometría del proyecto lleva implícita su construcción. Los materiales elegidos potencian las cualidades del nuevo territorio. El pavimento se realiza mediante cálidas bandas de madera, hormigón blanco con áridos negros, evocación contemporánea de los pavimentos tradicionales granadinos, y pizarra oscura. Las líneas de fuerza que los delimitan se construyen en acero cortén, que se levantan de la cota del suelo para conducir, proteger o contener. En el acceso, la clara geometría y los aromas son los protagonistas principales. En el nivel inferior, el color y la diversidad de texturas y volúmenes de las especies arbustivas y arbóreas son los protagonistas. El agua nos conduce por el recorrido de este nuevo lugar, cualifica los espacios por los que discurre, y nos invita al reposo junto a su remanso.

© W+G Arquitectos